Atención + Consciencia= Sincronicidad

La sincronicidad o hecho sincrónico ocurre en el momento indicado, cuando puede cambiar nuestro rumbo, orientándonos hacia un crecimiento de nuestra consciencia o haciéndonos tomar sendas alternas que pueden conducirnos hacia nuestros propósitos.

Pero para ello, debemos estar atentos. Esta es la condición esencial para notar esas coincidencias, pues la consciencia nos ayuda a descubrir un “mensaje” que quizás hubiéramos pasado por alto si estuviéramos en piloto automático.

Los hechos sincrónicos son esas coincidencias significativas que comúnmente relacionamos con el azar, pero que nos asombran, pues se asemejan a hilos invisibles que conectan los sucesos y las personas. Estamos pensando en alguien y esa persona nos llama; buscamos algo y surge un encuentro fortuito que nos conduce hacia ello…

«La sincronicidad es como un acto de creación en el tiempo.»

C. Jung

Otros estudiosos, comparan a este fenómeno con la intuición intelectual.

El filósofo Schopenhäuer lo llamó “simultaneidad significativa” y el escritor James Redfield, “coincidencias significativas”. Pero muchos otros filósofos, eruditos y escritores han incluido la sincronicidad en sus reflexiones.


La sincronicidad según Carl Gustav Jung

El término “sincronicidad” deriva del griego “συν” (unión) y “χρόνος” (tiempo) y fue acuñado por Carl Gustav Jung, el psicólogo y médico psiquiatra suizo fundador de la escuela de psicología profunda.

Su «Teoría de la Sincronicidad» o «Principio vinculante no causal» supone la ocurrencia de dos eventos que no se encuentran asociados ni causalmente ni teleológicamente, pero sin embargo, tienen una relación significativa.

Según este autor, es una correspondencia entre psique, espacio y tiempo. El tiempo y el espacio existen en relación a la psique (según el autor “un fenómeno casi infinito), la que tiene un poder creativo.

Por ello, para él, los eventos que nos suceden son los encuentros que la psique crea. Existe una conexión muy estrecha entre una persona y su entorno, la que en ocasiones genera circunstancias coincidentes con un valor simbólico para quienes las viven, el que es posible interpretar.


Sincronicidad y «Unus Mundus»

Jung y Pauli

Para Jung, la sincronicidad es posible, pues el observador y el evento brotan, en última instancia, de una misma fuente, el “unus mundus” (un solo mundo), un concepto que alude a una realidad subyacente a partir de la cual todo emerge y a la cual todo retorna.

Esta idea unitaria de la realidad, sin embargo, fue considerada por él como una exploración tentativa y provisional. “Es una especulación metafísica”, pero puede ser experimentado, al menos de forma indirecta.

Wolfgang Ernst Pauli, el físico teórico austríaco ganador del premio Nobel, concordaba con Jung en la experimentación teórica del “unus mundus” y la sincronicidad, la que relacionó con el mundo atómico.

No es posible que dos electrones en un átomo estén exactamente en el mismo estado. Sin embargo, este principio no se basa en ninguna dinámica que actúe entre las partículas atómicas, sino que es un ejemplo de una conexión «acausal» en la que la totalidad de las partículas determinan el estado de un electrón.

«Todo verdadero teórico es una especie de metafísico domesticado», decía Albert Einstein, seguramente pensando en Pauli.


La «simultaneidad significativa» de Arthur Schopenhauer

Carl Jung posiblemente se inspiró en el tratado “La intencionalidad aparente en el destino del individuo” (Parerga und Paralipomena, Vol.I.) de Arthur Schopenhauer.

En este tratado, Schopenhauer trata la cuestión de la simultaneidad de lo casualmente no-conexo, lo que llamamos «azar» y alude a una especie de “simultaneidad de aquello que no tiene conexión causal”, afirmando que estas conexiones causales y acausales no se anulan, sino que se complementan.

La Voluntad (un término que alude a la energía universal) es la primera causa para las cadenas causales que se encuentran en una relación de “simultaneidad significativa”.

La determinación de un individuo inevitablemente se adaptará al destino de otro individuo, y cada uno es el protagonista de su propia obra, al mismo tiempo que juega un papel en la obra de su prójimo. Es algo que excede nuestra capacidad de comprensión.

Arthur Schopenhauer

Arthur Schopenhauer: La esperanza radica en la consciencia


Las «coincidencias significativas» de James Redfield

James Redfield

James Redfield ha tratado el tema de las coincidencias significativas (sincronicidades) en su libro “La Novena Revelación”.

El autor señala que, si sabemos escuchar, estos hechos aparentemente casuales, pueden convertirse en una guía para nuestras vidas.

Esto se puede manifestar de muchas formas, pero Redfield agrega que debemos tener una disposición especial para que podamos notar esos “mensajes” (consciencia).

Un ejemplo de ello sería ir por la carretera y encontrar una senda que se bifurca. No tenemos un mapa y no sabemos qué camino tomar.

En ese caso, si nos detenemos, observamos y prestamos la atención adecuada, encontraremos una señal que nos indicará el camino correcto.

Lo mismo puede suceder en muchas situaciones. Por ejemplo, cuando hacemos contacto visual con un desconocido. «El contacto visual repentino y espontáneo es una señal de que dos personas deben hablar», escribió Redfield. Lo mismo sucede si estamos pensando en una persona, y esta nos llama. Es posible que de esa conversación, aparentemente trivial, podamos obtener un mensaje que puede ser importante para nuestra vida.


Sincronicidad y propósito

No existe la coincidencia; y lo que nos parece un simple accidente surge de la fuente más profunda del propósito.

Friedrich Schiller

Muchos autores, científicos y escritores han tratado el tema de lo obsoleto del pensamiento causal, basado en causa y efecto. El físico F. David Peat definió a la sincronicidad como “un encuentro significativo de eventos causalmente no relacionados” y el escritor Milburg Francisco Mansfield dedicó muchos años de su vida a reunir hechos, en diversas las áreas de la ciencia, que muestran indicios de sincronicidad.

No obstante, este es un concepto para el cual es imposible reunir evidencia. Quien no cree que hay un propósito en los hechos comunes y cotidianos, no creerá en la sincronicidad, y por ende, no podrá relacionar las coincidencias ni notar su sincronía.

Se trata (más que de un acto de fe) de experimentación, de atención y de consciencia, en la búsqueda de un significado más profundo de nuestra vida humana.

Propósito, consciencia y sincronicidad

La razón de los problemas es superarlos. Esa es la naturaleza misma del hombre. Llegar más allá de sus propios límites para comprobar su libertad. No es el desafío que nos enfrenta el que define quienes somos ni que podremos ser. Lo que nos define es la forma en que enfrentamos el desafío, prendiendo fuego a las ruinas o construyendo un camino a través de él, paso a paso, hacia la libertad. Y tras todo esto no está la suerte ciega, sino un principio que nos ayuda a comprender, mil “coincidencias” y amigos que se nos acercan a mostrarnos el camino cuando el problema es demasiado difícil para solucionarlo solo.

Los problemas son para solucionarlos. La libertad para comprobarla. Y en tanto tengamos fe en nuestros sueños, nada sucede por simple azar…”

Richard Bach «Nada es azar)»

Sincronicidad, Wikipedia

James Redfield, La Novena Revelación

Unus Mundus