Remontando la curva de la madurez: ¡La felicidad tiene forma de U!

La felicidad sigue una trayectoria en forma de U, afirmaba el psicólogo alemán Oswald Külpe. El punto más bajo es cuando llegamos a los 50 años, un momento de grandes interrogantes y cambios.

No hay muchas personas que crean que verdaderamente existe una crisis de la madurez, especialmente en los círculos científicos. Pero pese al escepticismo académico, ha sido objeto de numerosos estudios, los que han revelado datos curiosos.

Hace unas décadas, la conocíamos como “la crisis de los 40”. Pero los investigadores la han renombrado “crisis de la mediana edad”, porque no se presenta a una edad definida, demostrando científicamente la frase favorita de mi pareja: “la edad es un estado de ánimo”. Pues el momento de su llegada, al parecer, depende en gran medida de la edad emocional de una persona.

Para Elliot Jaques, el psicólogo que acuñó el término, así como para Sigmund Freud, es el momento en nos hacemos conscientes de nuestra propia mortalidad.

Dejamos atrás el idealismo juvenil de un cuerpo todopoderoso, con una energía casi infinita, nos enfrentamos a la dura realidad de su declive y comenzamos a aceptar la idea de que un día moriremos.

Luego de que cumplimos los 45, comenzamos la cuenta regresiva hacia los 50 (sí, tenemos “casi” medio siglo) y como hay muy pocas probabilidades de que pasemos los 100, nos queda menos tiempo del que ya hemos vivido.

Flor de loto mediana edad

La resiliencia ante las dificultades es una habilidad que ayuda a que la crisis de la mediana edad, si es que se presenta, se pueda atravesar sin tanto estrés y sufrimiento.

Otros opinan que también lo es el tener una abultada cuenta bancaria, aunque los estudios muestran que depende de la propia percepción de la satisfacción de vida y no del dinero en sí.

Pero no todo es sombrío en la adultez y, contrariamente a lo que se suele suponer, las cosas tienden a mejorar sustancialmente.

Es cuando podemos darnos cuenta de que es momento ideal para hacer lo que siempre hemos querido hacer, quizás apreciemos más las relaciones, pues hemos perdido seres queridos y los valores de nuestra vida comienzan a cambiar.

Surgen preguntas, pero hemos encontrado algunas respuestas. Es que ya hemos adquirido experiencia con la crisis adolescente, hemos hecho muchas pruebas de ensayo y error, hemos crecido y tenemos la experiencia que dan las canas: las armas para dar batalla a la crisis, de la que podemos salir fortalecidos.


¿Existe la crisis de la madurez?

Un grupo de científicos del Departamento de Psicología de la Universidad de Zurich, en Suiza, a pesar de argumentar que una definición de “crisis de mediana edad” no es sostenible por razones empíricas y teóricas, se han sentado a debatir sobre ella. Y así lo han hecho varios grupos de investigadores para determinar por qué es tan difícil esa etapa de la vida para algunas personas.

Un estudio sugiere que los niños prodigio atraviesan esta crisis durante la adolescencia, quizás por su grado de madurez. Casi la mitad de los adultos mayores de 50 dicen haberla experimentado.

Pero es significativo que personas de hasta 70 años afirmaron estar atravesando una “crisis de mediana edad”. Y es que la percepción de nuestra ancianidad no se rige por la edad biológica, sino que entran muchos factores en juego.

Una investigación publicada en “Handbook of Midlife Development” de Margie E. Lachman, encontró una gran diferencia entre lo que los científicos y los participantes consideraban cuáles eran las causas de esta crisis.

Para asombro de los investigadores, la mayoría de los participantes no atribuyeron sus conflictos al envejecimiento, sino a los eventos de la vida que representan un desafío en la mediana edad.

Es en esta etapa de la vida cuando nuestros padres y otros seres queridos se hacen ancianos, se enferman o mueren. Nuestros hijos crecen, se van del hogar; el aspecto profesional tiene más exigencias, un ritmo de vida estresante nos cobra las facturas en nuestra salud y en nuestro estado de ánimo.

La mediana edad es percibida como un período con muchas responsabilidades y poco tiempo para el ocio y el disfrute, en donde es difícil manejar el estrés de la productividad, la competencia, la responsabilidad social y, sobre todo, satisfacer nuestra necesidad de tener todo bajo control.

Los resultados de cuatro estudios realizados en el Centro de Psicología Lifespan, Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, en Berlín, Alemania, han sido muy reveladores en cuanto a la percepción de los motivos de la crisis en las diferentes edades.

Los adultos más jóvenes mencionaron el crecimiento como primario en su nivel de satisfacción, mientras que los mayores lo asociaron con la prevención de pérdidas.

Es que cuando somos jóvenes, no tememos correr riesgos; en muchas ocasiones la adrenalina de la aventura nos provoca sensaciones de felicidad.

Es cuando estamos centrados en nuestro desarrollo, corremos ágilmente tras nuestras metas y eso hace que nuestra vida sea emocionante. Pero cuando nos hacemos más viejos, no nos satisface correr riesgos, sino que nos hace más felices cuidarnos, no enfermarnos, no dilapidar el dinero y ser más precavidos.

El estudio de Lachman concluyó que la crisis de la mediana edad no es universalmente estresante, y las demás pruebas no apuntan a que este sea un período de inevitable depresión.

De hecho, para muchas personas, todo parece mejorar: la autoestima, las relaciones, la satisfacción con la propia vida.

Un estudio de la Universidad de Massachusetts en Amherst, donde participaron 450 universitarios graduados entre 1965 y 2006, mostró que las únicas personas que reportaron haber pasado por una crisis de mediana edad habían experimentado muchas otras durante su vida.

Esto confirmaría la hipótesis de que esta crisis no es un fenómeno que sea exclusivo de la edad, sino que tiene mucho que ver con la capacidad de las personas para enfrentar las crisis.

Entonces ¿por qué algunos pueden “saltearse” esta crisis, mientras que otros se quedan estancados años en ella? La clave, según los expertos, es que requiere de un “proceso” de reajuste de las piezas de la vida.


La mediana edad es el momento ideal para un reajuste

Los expertos entrevistados tienen la opinión unánime de que en esta etapa de vida media es inevitable la evaluación. Pero este momento no tiene por qué ser crítico. Es saludable, e incluso muy beneficioso.


1- Reanalizar nuestros conceptos

Es muy común que se asocie la crisis de mediana edad con adoptar conductas juveniles, como comprarse una moto y querer dar con ella la vuelta al mundo. Pero no todos pueden darse estos lujos y, quienes lo hacen, de todas formas no rejuvenecerán con ello. Pero también se asocia a la desgracia.

En la cultura occidental, sobrevaloramos la juventud y esto nos condena a un estado de infelicidad perpetua.

Según cuenta el escritor Lin Yutang, en ámbitos oficiales en China, se pregunta: «¿Cuál es su gloriosa edad?». Y el entusiasmo y el respeto crece cuando mayor sea la edad del interlocutor. Madurar y envejecer es deseable, pues todos respetan a los ancianos en China.

La generación de la mediana edad madura espera con impaciencia celebrar el 51° cumpleaños, pues pasado el medio siglo adquiere un gran status. Todo lo contrario de lo que ocurre en occidente, en donde envejecer es visto como un castigo.

Y superar esta concepción impuesta, que tan profundamente se ha arraigado en nuestra mente, es muy difícil. Pero Lin Yutang lo expresó de forma muy bella. Se trata de “envejecer graciosamente”.

Es sentirnos dignos, orgullosos de nuestra edad, considerar que la madurez tiene muchísimas ventajas y sentir entusiasmo por poderlas aprovechar.


2- Hacer un balance

Cuando sucede una crisis, hacer un balance es un ejercicio muy positivo. Y si lo hacemos, seguramente nos demos cuenta que no lo estamos haciendo nada mal. Es necesario dejar de ser tan críticos con nosotros mismos y concedernos algo de crédito.

No dejemos que nuestra obsesión por la perfección nos impida sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado.

Pues la experiencia nos ha servido de algo, después de todo: aunque seguimos tropezando con la misma piedra, al menos las caídas ya no son tan frecuentes como antes. O si caemos, podemos levantarnos con mucha más facilidad… y hasta con cierta elegancia.

Es necesario también acabar con la culpa. Lo que hemos hecho mal nos ha aportado enseñanzas invalorables, que de otro modo no hubiéramos podido asimilar. “A porrazos se aprende”, decían nuestras abuelas.

Pero este concepto del aumento de la resiliencia ante las dificultades es muy común en la literatura. Mi frase favorita es la de Antoine de Saint-Exupéry:

“El hombre se descubre cuando se mide contra un obstáculo”.

¿Hay mayor satisfacción en la vida que ganar una batalla difícil?


3- Reajustar objetivos o establecer nuevas metas

Al hacer un balance de nuestra vida, es posible que surja la realidad de que aún no hemos podido lograr muchos de los sueños de la juventud. Pero gracias a los avances de la medicina y a nuestro propio despertar hacia una vida más saludable, la esperanza de vida actual es de aproximadamente 80 años.

Es decir, aún nos queda mucho tiempo para lograr nuestras metas, o para reflexionar y sustituirlas.

Nuestro afán de trascender más allá de la muerte nos impele a perseguir metas materiales. Queremos dejar un legado material, ya sea una buena fortuna para nuestros descendientes, quizás un legado profesional. Pero también es momento de establecer los objetivos de vida abstractos, que nos hagan sentirnos bien con nosotros mismos y que enriquezcan nuestra vida.

Pasar más tiempo en familia, ser más comprensivo y amable, ser una mejor persona, apoyar una causa o hacer el bien de alguna forma. Estas no son solo formas de trascender, sino que son necesarias para que las metas materiales adquieran un sentido más profundo. ¿De qué sirve amasar una fortuna si no podemos disfrutarla con las personas que amamos?

No dejemos de tener metas, pues son el entusiasmo por la vida. “Si quieres vivir una vida feliz, átala a una meta, no a una persona o un objeto”, dijo Albert Einstein.

Pero en la edad adulta, es imprescindible que establezcamos metas realistas. Si la meta deseada es muy lejana, causa un estado de insatisfacción, así como ocurre a la inversa: Si lo que no deseamos es parte de nuestra vida, nos sentiremos igualmente deprimidos.


4- Hacer cambios importantes (y realistas)

Según Stanley Teitelbaum, el psicólogo autor de “Ilusión y desilusión: problemas centrales en psicoterapia”, los adultos nos hacemos preguntas importantes sin llevar a cabo grandes cambios.

Esto es muy cierto. ¿Por qué no abandonamos todo hoy mismo y nos vamos a recorrer el mundo haciendo auto stop? Muy sencillo. Tenemos hijos, quizás nietos, padres ancianos, responsabilidades. No podemos darnos el lujo de tirar todo y precipitarnos a la aventura.

Pero hay cambios que sí podemos hacer. Después de todo, muchos de nosotros no sobreviviríamos al dolor de espalda de dormir en el campo más de 3 o 4 días. Los cambios realistas son menos dolorosos.

Pues en la mediana edad, mal o bien, sabemos qué nos hace bien, qué nos conviene, cómo debemos cuidar nuestro cuerpo. Nos conocemos, conocemos nuestros puntos flacos y la emoción ante lo exótico de la juventud se ha transformado en la posibilidad de trazar planes que realmente nos hagan felices.

Y esto es una ventaja incalculable de la madurez. La posibilidad de que a partir de ahora, todo comience a mejorar.


5- ¡Aprovechar las ventajas de la madurez!

la felicidad arco iris

Todo buen jugador aprovecha la oportunidad de una buena mano de cartas. Y la mediana edad es el momento en que nuestro potencial se encuentra en su pico máximo, por lo tanto, sería un desperdicio desaprovecharlo.

Es interesante notar que las investigaciones señalan que esta tendencia depresiva se revierte completamente después de la mediana edad, ya que las personas mayores tienden a ser mucho más felices de lo que habrían predicho hace cinco años.

Esto sugiere que si podemos aguantar, las cosas mejorarán sustancialmente. Los niveles de felicidad de las personas luego de pasada esta crisis (si es que aparece) son sorprendentes: el estrés tiende a disminuir a medida que envejecemos, y esta curva descendente de estrés parece estar relacionada con nuestra mayor felicidad.

Es necesario agradecer lo que tenemos y sentirnos bien con quienes somos. Esta retroalimentación positiva reemplaza la retroalimentación negativa y el aumento de la satisfacción y la gratitud se refuerzan de forma mutua.

Como hemos visto, hay muchas cosas positivas que vienen con la crisis de la mediana edad. Y la mejor de ellas es que esta crisis, como todas, pasa.

Y cuando sucede, hay muchas posibilidades de que todo comience a ir marcha arriba 🙂

flores en acuarela

Bibliografía

Midlife Crisis: A Debate. University of Zurich, Department of Psychology, Zurich, Switzerland.

Niños prodigio. La crisis de la mediana edad / GU Prodigies, J Bamberger- 1982.

Dolores Cabic Borland, Research on Middle Age: An Assessment, The Gerontologist, Volume 18, Issue 4, August 1978, Pages 379–386.

Imágenes del desarrollo de la mediana edad entre adultos jóvenes, de mediana edad y mayores. Lachman, ME, Lewkowicz, C., Marcus, A. et al. J Adult Dev (1994) 1: 201.

Cambios en el desarrollo de la orientación a objetivos personales desde la edad adulta joven hasta la tardía: desde el esfuerzo por obtener ganancias hasta el mantenimiento y la prevención de pérdida”. Ebner NC 1, Freund AM , Baltes PB.

Stanley Teitelbaum. Illusion and Disillusionment: Core Issues in Psychotherapy

Lin Yutang, La importancia de vivir.