Schopenhauer: «La esperanza radica en la consciencia»

Arthur Schopenhauer (1788–1860) es considerado uno de los filósofos más influyentes de los últimos siglos. Su pensamiento tuvo la influencia de Platón y Kant, pero su visión de la filosofía tiene muchos puntos en común con el pensamiento hindú y budista, así como un enfoque de la sabiduría con fines prácticos.

A pesar de ser el mayor representante del pesimismo filosófico, su visión de la solución a los problemas del mundo no está exenta de optimismo. Y aunque se lo consideraba un antisocial, era un rebelde solitario que constantemente rebatía las ideas establecidas y prefería estudiar que socializar. Una de sus famosas citas es:

“La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”.

Schopenhauer creía que el amor es el instinto de preservación de la especie disfrazada de romance y solo es ventajoso para la naturaleza, aunque algunas personas lo crean beneficioso para ellas.

El pragmatismo de Arthur Schopenhauer logró que se lo considerara huraño y antisociable, pero toda su filosofía está impregnada de un profundo amor por el prójimo: su lucha contra el sufrimiento, el rechazo de la violencia, el respeto hacia los animales, la trascendencia del egoísmo y el cultivo de la compasión, por mencionar algunos de los conceptos que abarcó en sus obras.

Créditos de imagen 3D de portada: Favio Paiva


El pesimismo filosófico de Schopenhauer

Arthur Schopenhauer

La obra más famosa de Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación (Die Welt als Wille und Vorstellung) es considerada una obra maestra y la más elaborada manifestación del pesimismo filosófico.

En ella, el filósofo concluye que “Toda vida es esencialmente sufrimiento”; la existencia humana es un constante devenir entre el dolor y el tedio, y solo la inteligencia puede escapar de esta situación a través de una serie de fases que conducen a una negación consciente de la Voluntad, un término metafórico que alude a una fuerza que obra irracionalmente y se expresa en todas las energías de la naturaleza.

Todo lo que conocemos se encuentra dentro de nuestra conciencia; somos el sujeto de la Representación (el que conoce) del objeto (lo que se conoce), por lo tanto todo lo que existe carece de existencia real fuera de la Representación. [1]


Un pesimista no exento de optimismo

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Arthur Schopenhauer se oponía a la tesis de Leibniz de que los humanos vivimos en el mejor de los mundos posibles.[3] Pero creía que el problema no es el mundo, sino nuestra forma de percibirlo. La Voluntad se expresa como un continuo deseo siempre insatisfecho, lo que causa un constante sufrimiento.

Si bien en el pensamiento schopenhaueriano el concepto de felicidad no es más que un eufemismo, planteó dos formas de huir del sufrimiento: a través de la estética y el ascetismo.

La estética es antídoto contra la fealdad del sufrimiento, y a través de su pura contemplación la trascendencia del ego puede manifestarse, ya que mediante ella podemos evaluar una idea más allá de nuestra interpretación de la realidad.

Pero además de estas dos cualidades para huir de la espiral de sufrimiento, Schopenhauer creó una obra que no podría considerarse pesimista: El arte de ser feliz (Die Kunst, glücklich zu sein) en donde propone una serie de reglas de conducta para lograr una felicidad “relativa”. [4]


La percepción del sufrimiento humano

Arthur Schopenhauer nació el 22 de febrero de 1788 en Danzig, Gdansk, Polonia. La familia era de descendencia holandesa y su padre, Heinrich Floris Schopenhauer, fue un exitoso comerciante que quiso iniciar a su hijo en el mundo de los negocios, pero se suicidó en 1805 cuando él tenía 17 años.

La relación con su madre era bastante conflictiva, así como con su única hermana, Adele. Sus recuerdos del internado de anglicanos en Wimbledon en el que vivió fueron agónicos, lo que lo puso en contra del cristianismo inglés por el resto de sus días.

“Toda vida es sufrimiento” es una reflexión de un ser humano que supo ver la absurda vanidad de las incesantes luchas de la humanidad, pero que también conoció el sufrimiento, la soledad y la incomprensión de sus contemporáneos. [5]


Arthur Schopenhauer ¿misántropo o genio?

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Además de considerarlo un pesimista, a Schopenhauer se lo considera un misántropo. Pero es evidente en su biografía que prefería estudiar e investigar que socializar. Se matriculó en la Universidad de Medicina a los 21 años y presentó su tesis Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente con 25 años, al mismo tiempo que obtuvo el título de Doctor por la Universidad de Jena.

Con 28 años, presenta su segunda obra Sobre la visión y los colores (Über das Seben und die Farben), inspirada por sus charlas con Goethe, a quien conocía de las tertulias en casa de su madre. A pesar de matricularse en la facultad de filosofía, también se inscribió en cursos de historia, filología clásica y ciencias naturales.

A los 31 años, escribe su obra capital, El mundo como voluntad y representación (Die Welt als Wille und Vorstellung), a la que le siguen innumerables libros y manuscritos, como Parerga y Paralipómena. Escritos filosóficos menores (Parerga und Paralipomena. Kleine philosophische Schriften). [8]

Una máxima de sus obras muestra su punto de vista al respecto:

“Los hombres vulgares solo piensan en cómo pasar el tiempo. Un hombre inteligente procura aprovecharlo”

Arthur Schopenhauer

Schopenhauer versus Hegel

Schopenhauer versus Hegel

En el año 1819, el filósofo decide solicitar una plaza como docente en la Universidad de Berlín. Él mismo relata que en su examen de habilitación se encontraba Hegel y desde ese mismo día su relación estuvo signada por la confrontación.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel tenía concepciones diametralmente opuestas a las suyas, especialmente en su concepción del papel de Dios en la filosofía. [9] Por ello, Schopenhauer hizo coincidir el horario de sus clases con las de su oponente para competir con él, pero no tuvo éxito, pues sus alumnos preferían escuchar a su adversario, que era a la sazón el filósofo de moda.

Con el correr del tiempo, el filósofo continuó rebatiendo las ideas hegelianas. Más adelante se postuló para un concurso de la Real Sociedad Danesa de las Ciencias, pero el jurado declaró desierto el premio por los ataques contra Hegel y Fichte que se encontraban en la obra. Estas memorias fueron publicadas más adelante bajo el título Los dos problemas fundamentales de la Ética.


El concepto de beneficencia universal

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Arthur Schopenhauer enfatizó que frente a un mundo de luchas interminables, tenemos que minimizar nuestros deseos naturales para alcanzar un estado de ánimo equilibrado que nos permita lograr una disposición hacia la conciencia moral universal (beneficencia universal).

Desde un punto de vista filosófico, la beneficencia son los actos de generosidad, amabilidad y altruismo. Pero la beneficencia no es benevolencia, y este fue uno de los puntos que más contrastan entre sus ideas y las de otros filósofos de la época.

La beneficencia se diferencia de la benevolencia en la medida en que esta última implica solamente estar dispuesto y no necesariamente ejercer esos actos. [10]

Hay que recordar que Schopenhauer era Doctor en Medicina y el concepto de beneficencia y de no maleficencia están expresados en el juramento hipocrático. [11]


El filósofo defensor de los animales

“El hombre no debe compasión a los animales, sino justicia”

Arthur Schopenhauer

Schopenhauer fue el primer filósofo de occidente que abogó por los derechos de todos los seres vivos e hizo ver al mundo las injusticias que se cometían.

Afirmó que quien era cruel con los animales no podía ser una buena persona, pero también escribió, con una óptica ecológica muy avanzada para su época, que el mundo no es un artilugio para nuestro uso ni los animales son un producto para la utilidad del hombre.

Su amor por la naturaleza impregna todos sus escritos. Criticó duramente a los moralistas de Europa que no concedían ningún derecho a los animales y creían que ello no tenía relación con la moral, lo que consideraba una doctrina “grosera, bárbara y repugnante”. [12]


La influencia de la filosofía de Oriente

El filósofo tuvo la oportunidad de conocer al orientalista Friedrich Majer, quien lo introdujo en la filosofía hindú. De las enseñanzas de Platón y Kant fusionadas con las doctrinas búdicas y brahmánicas surge el sistema schopenhaueriano.

Pero el filósofo no fue desde el principio consciente de las coincidencias entre sus antecesores y la filosofía oriental, e incluso, al profundizar en sus estudios del Vedānta, se sorprendió de los puntos en común con su investigación sobre el principio de razón suficiente.

Y aunque el pensamiento indio tuvo un gran poder en su obra, dejó bien en claro que la filosofía no debe traspasar el territorio del misticismo, pues ambos tienen diferentes puntos de partida y diferentes resultados. [13]


La esperanza radica en la consciencia

Cita 2 de Arthur Schopenhauer

Schopenhauer escribió que para que haya esperanza, una persona debe poder ver cómo son realmente las cosas. Si no es consciente de la realidad del mundo, no hay esperanza para que pueda escapar del sufrimiento. [14]

Los humanos nos aferramos a muchos errores, y nuestro intelecto es confundido y corrompido por la pasión, porque preferimos creer lo que nos gustaría. Y esta distorsión interfiere en nuestra consciencia sobre la verdad del mundo.

Cuando un objetivo trivial y cercano interfiere con un propósito mayor y lejano, cuando una hipótesis nos vela la realidad y cuando nos aferramos a nuestras creencias, es cuando vemos la influencia inconsciente de la Voluntad sobre el conocimiento. [15]

“El ego es el enemigo, un enemigo que solo se puede enfrentar a través de la autoconciencia, la empatía y la compasión”

Arthur Schopenhauer


Las Reglas de Arthur Schopenhauer para ser feliz

Evita la envidia y las comparaciones: La envidia no tiene sentido; todos somos diferentes. Y siempre nos comparamos con quienes creemos que son «mejores», lo cual nos condena a un estado de insatisfacción permanente.

Deja de preocuparte por los resultados: Hagamos nuestro mejor esfuerzo y luego dejemos de preocuparnos obsesivamente por lo que pasará, pues la mayoría de las veces no depende de nosotros.

Sigue tu instinto: Es necesario dejarnos llevar por nuestro instinto y no ir en contra de nuestra naturaleza. Seguir nuestro propio camino nos llevará a la felicidad.

Haz que la felicidad dependa solo de ti: Lo exterior es siempre cambiante, la felicidad es interior y pertenece a quienes son autosuficientes.

Limita tus deseos: Creer que no podemos ser felices con lo que tenemos aquí y ahora nunca nos permitirá alcanzar la felicidad.

Controla tus expectativas: En lugar de centrarnos en ilusiones esperanzadoras, las que pueden llevar a una decepción, centrémonos en posibilidades adversas para poder tomar precauciones.

Valora lo que tienes como si fueras a perderlo mañana: Agradecer lo que tenemos es una forma de evitar el sufrimiento y ser más felices.

Sé compasivo contigo mismo: Debemos tratar de mejorar, pero sin ser jueces despiadados con nosotros mismos.

Equilibra la atención entre el presente y el futuro: Disfrutemos del aquí y ahora, sin posponer la felicidad.

Emprende y aprende, siempre: Los proyectos futuros proporcionan una dosis esencial de entusiasmo por la vida. [16]